domingo, 12 de diciembre de 2010

Vivo en un estado de paranoia continua

Vivo en un estado de paranoia continua,
un estado de frustración
a causa del no actuar,
y del mucho pensar,
buscando quizás el significado de mi vida,
que tal vez no exista, pero que
a toda costa debo encontrar.
Vivo en un estado de paranoia continua,
causado por mis ansias de morir,
morir o suicidarme, suicidarme o morir.
Vivo en un estado de paranoia continua,
pensando en aquel poeta al que veía cada día,
a las ocho-ocho y media en el banquito
o en su portal, y que hacía un gran esfuerzo al no vomitar.
Vivo en un estado de paranoia continua,
al querer saber, cómo cambiar la mente de aquel poeta,
con botas y cresta, el único capaz
de retener mis lágrimas y convertirlas en sangre de cristal,
aquel que regala penas y te brinda
a cada instante puñaladas en el corazón.
Aquel poeta que en un tiempo vi cercano,
hoy le veo cambiarse de ciudad,
y aún no se como decirle que le necesito,
con unos pobres versos que más que otra cosa
piden compasión por ser estúpidos
y nunca alcanzar la magnitud de paranoia
de la persona a la que van dirigidos.
Sinceramente se me nubla la vista cada vez
que te imagino al lado de alguna rubia.
La mente se me disipa a momentos de soledad,
momentos asquerosos sin ti de infinita duración.
Y no, realmente no te hice feliz,
tu soñabas con poder marcharte,
lo mismo que yo anhelaba en ese momento
y era abrazarte, para poder darte un beso.
Fue una frustración lo que ocurrió,
pero ni en trés días ni en trés meses,
aún no te he olvidao,
por eso digo, y repito,
que vivo en un estado de paranoia continua.

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